Digamos que tan solo me limito a tratar de parecer un humano, pero lo cierto es que por dentro continúo siendo un simio. Es una confesión de una magnitud paradigmática. Es una confesión tal que lleva a la raza chilena preguntarse qué mierda hace en este mundo simulando no estar en el fin del globo. Pero bueno… no todo es tan grave. Todo depende del punto desde que se mire la cabeza del otro: frente a mis ojos o frente a mis pies descalzos.
Lamentablemente, la totalidad de las cosas pueden llegar a ser peor y por lo tanto, mis queridos y simiescos comensales, les aviso que ya no me limitaré más, ni tampoco lo seguirán haciendo el resto de mis amigos imaginarios que luego de mi paso por el Tibet, sí, tienen más carne y neuronas que yo. Es decir, nada obstaculizará la revolución inminente… Soy zurda, por ende siniestra, y no tengo mecate… Distíngase el pulmón del bronquio, por favor.
Luego de los últimos acontecimientos, me digno a proferir ciertos gritos orgásmicos de felicidad. Es evidente que mi vida ha girado en 180º y que el día de mañana jamás volverá a ser un día más en mis células, y por supuesto, tampoco en las vuestras. ¿Hay alguno de los aquí presentes que tenga algún reparo a mi locura carente de salvavidas? Puedo oír los grillos de mi conciencia. Sí, en el Congo Belga todo es más tranquilo y en Sri Lanka el té sabía a sublimación herbática.
No hay forma ni condición humana que pueda detener la agitación de mi civilización simiesca y exasperada del quietismo virulento. Me siento a comer mi banana sobre el sistema y a agitar mi cabeza espantando a las moscas. Mi espera es por la fiesta, el derecho y deber del cuerpo en movimiento, de la masa en movimiento, la masa que domina sus impulsos inmaculados y sus razonamientos sazonados. ¡Viva la exaltación del movimiento! ¡Viva la emancipación de los fenómenos! ¡Abajo la cáscara y a defecar lo que no sirve sin pudor alguno!
En el templo de los silencios, aún existe el alma de los sonidos. En el aula de los pétreos, aún vive el cuerpo en llamas. En el escenario de los muebles, aún se invoca la lluvia con danzas febriles. Porque el dolor no es solo el sufrimiento, sino también la entrega y el esfuerzo.
¡Tiembla Academia! No limitarás a tus habitantes.
Los simios se limitan a reír y aplaudir. ¡No! LOS SIMIOS DECIDEN REÍR Y APLAUDIR.
Los Simios de Generados TM.
Lamentablemente, la totalidad de las cosas pueden llegar a ser peor y por lo tanto, mis queridos y simiescos comensales, les aviso que ya no me limitaré más, ni tampoco lo seguirán haciendo el resto de mis amigos imaginarios que luego de mi paso por el Tibet, sí, tienen más carne y neuronas que yo. Es decir, nada obstaculizará la revolución inminente… Soy zurda, por ende siniestra, y no tengo mecate… Distíngase el pulmón del bronquio, por favor.
Luego de los últimos acontecimientos, me digno a proferir ciertos gritos orgásmicos de felicidad. Es evidente que mi vida ha girado en 180º y que el día de mañana jamás volverá a ser un día más en mis células, y por supuesto, tampoco en las vuestras. ¿Hay alguno de los aquí presentes que tenga algún reparo a mi locura carente de salvavidas? Puedo oír los grillos de mi conciencia. Sí, en el Congo Belga todo es más tranquilo y en Sri Lanka el té sabía a sublimación herbática.
No hay forma ni condición humana que pueda detener la agitación de mi civilización simiesca y exasperada del quietismo virulento. Me siento a comer mi banana sobre el sistema y a agitar mi cabeza espantando a las moscas. Mi espera es por la fiesta, el derecho y deber del cuerpo en movimiento, de la masa en movimiento, la masa que domina sus impulsos inmaculados y sus razonamientos sazonados. ¡Viva la exaltación del movimiento! ¡Viva la emancipación de los fenómenos! ¡Abajo la cáscara y a defecar lo que no sirve sin pudor alguno!
En el templo de los silencios, aún existe el alma de los sonidos. En el aula de los pétreos, aún vive el cuerpo en llamas. En el escenario de los muebles, aún se invoca la lluvia con danzas febriles. Porque el dolor no es solo el sufrimiento, sino también la entrega y el esfuerzo.
¡Tiembla Academia! No limitarás a tus habitantes.
Los simios se limitan a reír y aplaudir. ¡No! LOS SIMIOS DECIDEN REÍR Y APLAUDIR.
Escrito Primero del Libro Primero de los Desvencijados Macacos Huraños.
Los Simios de Generados TM.